
Somos unos excarcelaros que escribimos maravillosas memorias, en lo que nos queda de vista están los colores de los que se manchan las sabanas por las noches, solo ves borrones invisibles
Las luces siempre encienden en el alma... un espejo que guarda lo inolvidable.

BOTELLA
- ¿Y si no me hubieras encontrado?
- No sé, ya ves que estás aquí
Si amaneció fue precisamente, y no por coincidencia, para re-encontrarnos, para inolvidar el olvido, para enterrar los planes de vida en la vieja puerta que esconden las camas (para que los fantasmas huyan de nuestras madureses, nuestros juegos de cuna empolvados) y así no tendremos que hablar jamás de eternidades.
Ya veras, es este juego de extrañar para encontrarte de nuevo y mas amable, son estas horas de preciso silencio en que intento descubrir en mis ojos un reflejo viejo de los tuyos.
Amaneció justamente para que dentro de tus jardines se incrustara el mió (mìnimo pero florido) y entre ocasos y amaneceres encontráramos las lunas que tiritan, los puntos precisos de la risa, las luciérnagas fundidas, los años de nada, los miedos encerrados, las bocas palpitantes, y tu dulce ser, los recodos de recuerdo donde se guardo lo precioso, zapatos rotos, las cenizas desaparecida, el timbre monofònico, Las proposiciones sin contestación, los regalos de cuando cumplí seis años, los abuelos, las cartas a mama, la nuca curiosa, los rencores, el primer beso, las despedidas, y mi delgadez, las flores de papel, las extrañansas entre mares, los 500 mensajes sin correo, el anonimato, las declaraciones a media luz, la alineación de los planetas, las respuestas mudas, un apagon; para encontrarnos…
Y resulta que te quiero.
Total parcial: te quiero
Total general: te amo
Canta a lo lejos un ruiseñor que murió hace días y lo lloran sus flores, sus tristes alegrías.
Tú sabes que la culpa fue del viento, de los que venían del sur, unos con olor que no recuerdo; también olvidaste que se quedaron las cosas menos importantes, las que yo mas quería, las dejaste al lado del perro que regalaste porque nunca lo quisiste. La culpa la tuvo el tiempo que cambìo de repente, igual mi ruiseñor divino vivia en una jaula porque yo no quise cortarle las alas y tu no quisiste dejarlo ir.
Colaboro el sol que se negó a salir en meses, porque cada semana hacia más falta y las alas se fueron aburriendo del nublado cielo que se le meaba en la cara. Tu y el sol se entienden y no se te dio la gana de pedirle el favor de salir por lo menos un rato en las mañanas... o en las tardes, a quién le importa. Fueron los cables, los satelites internacionales, las señales lejanas; yo querìa ponerle una inyecciòn de inmortalidad pero... no fue.
La culpa es mía, el ruiseñor lo mate yo, estaba agonizando de frió, de hambre. Con sus ojos claros, por las cataratas del tiempo, me miro y lo odie por ver mi reflejo en ellos, yo le di la cicuta y el me obligo a desechar mi vientre, a desabilitar mi alma y el corazòn -corazòn coraza-.
Pero no se murió con el veneno, ya se había tomado un par de pastillas, una docena dijo el búho; solo quería hacerme sentir culpable para que no me fuera nunca. Al ruiseñor lo mataron las pepas y la distancia que hizo más evidentes los cambios del paisaje y las palabras.
Más pudo la muerte y te quedaste con tres cuartos de la magia para que apuestes en las canicas y otros juegos varios, en damas quizas.
Al ruiseñor se le olvidò llevarse el amor.